Ver Pornografía: ¿Es una adicción?

Se considera adicción a una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa y/o alivio a través del uso de una sustancia u otras conductas. Esto implica una incapacidad de controlar la conducta, dificultad para la abstinencia permanente, deseo imperioso de consumo.

La palabra pornografía viene etimologicamente de (porne) que representa: cortesana-prostituta-promiscua y (grafía) que se entiende como: escritura-descripción, es decir representa la descripción por medio de la escritura de lo que sucedía en la intimidad de las prostitutas.

La pornografía desencadena en el cerebro de las personas que sufren esta adicción reacciones similares a las que provocan las drogas, según concluyó una investigación llevada a cabo por la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

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¿Cuándo la pornografía se volvió un problema de adicción?

Lo que verdaderamente explica la adicción a la pornografía en Internet es algo más primigenio y propio de nuestro organismo y de todos los mamíferos: el efecto Coolidge.

¿Qué es el efecto Coolidge?

El efecto Coolidge es un fenómeno neurobiológico común a los mamíferos y que está ligado a su comportamiento sexual.

Al colocar distintas parejas de ratas en jaulas, el macho montará a la hembra receptiva con mucho ímpetu hasta eyacular y quedar exhausto. Luego, si a los machos los separamos en dos grupos y una de las mitades va a la misma jaula con las mismas hembras que antes y los otros machos son puestos en jaulas con una nueva hembra, el porcentaje de apareamiento y eyaculación será .

Entonces, se puede señalar que el deseo sexual y la voluntad de apareamiento crece con la novedad: si aparece una nueva hembra receptiva, el macho olvidará su cansancio y su indolencia, y volverá a la actividad placentera hasta quedar exhausto.

¿Pero cómo explica el efecto Coolidge la adicción a la pornografía?

Lo cierto es que el sexo y la dopamina van de la mano. La clave del efecto Coolidge reside en la producción de dopamina, un neurotransmisor al que se ha vinculado con las adicciones y la lujuria. El sistema de recompensa del cerebro libera dopamina, que conduce la voluntad y la necesidad de los animales de satisfacer sus apetencias sexuales.

Al disminuir la producción de dopamina, disminuye el deseo sexual. Por ello, las ratas del experimento anterior demoran cada vez más en eyacular con la misma hembra. Sin embargo, al colocar una nueva hembra en su jaula, el impulso sexual se acentúa, el macho copula más veces y eyacula más rápido; hasta que se cansa y el ciclo se repite.

En el cerebro humano, el efecto Coolidge funciona de una manera similar. Un estudio australiano demostró que si a un grupo de hombres se les proyectaba una y otra vez las mismas escenas eróticas, el interés y la excitación decrecían. Pero al introducir nuevas escenas nunca antes vistas, el estímulo por la novedad ejercía su efecto medible en erecciones. Una vez más, la dopamina es la culpable, haciendo que la excitación crezca, sin importar cuanto sexo hayas visto –o tenido–, el cerebro, de una forma primitiva, necesita el estímulo para que alcances tu satisfacción y, en la más primigenia de las posibilidades, te reproduzcas.

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Sin embargo, un nuevo estudio profundiza aún más en la actividad cerebral de un adicto a la pornografía, refutando por completo esta afirmación. ¿Cómo reacciona el cerebro? ¿Se confirma que produce efectos similares que los adictos a las drogas?

Un equipo de científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (EE.UU.) reclutó 122 hombres y mujeres, de los que 55 de ellos informaron tener un problema de adicción a los contenidos pornográficos. A todos ellos se les sometió a pruebas de imagen por resonancia magnética mientras observaban fotografías clasificadas como agradables, neutrales y desagradables. La mitad de las fotos agradables contenían contenido sexual explícito.

Al observar la actividad cerebral de los participantes a través de la electroencefalografía, los investigadores esperaban ver picos o aumento de la actividad cerebral cuando estos observaban imágenes eróticas, así como sucede con los adictos a los juegos o a las cocaína. Sin embargo, la adicción a la pornografía no sigue el mismo patrón: la actividad cerebral en vez de aumentar en las zonas donde se activan otras adicciones, disminuyó en el momento en que veían imágenes sexualmente explícitas. Esto es, las reacciones habituales en el cerebro de un adicto se invertían en el cerebro de un adicto al porno.

“Este estudio proporciona una evidencia clara de que la pornografía no se parece a otras adicciones. Significa, por extensión, que no es apropiado llamar adicción al porno desde una perspectiva científica. Además, este estudio incluye más del doble del número de participantes en comparación con otras investigaciones publicadas más recientemente.

Donde se concluye que la pornografía puede provocar problemas a los seres humanos pero no se basa en la adicción.

 

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